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42,9 días: ¿cuánto tiempo llevas ausente de ti mismo trabajando en salud?

¿Tu equipo está presente pero ya no está entero? Burnout, presentismo y ausentismo en salud tienen una raíz común. Aquí los datos y lo que se puede hacer.

Hay una cifra que aparece en los informes del sector público de salud en Chile y que, cuando la leen los directores de recursos humanos, produce un silencio incómodo: 42,9 días. Ese es el promedio de ausentismo por trabajador al año en el sector salud.


Más de un mes y medio de cada persona fuera de su puesto. La mayoría, por licencias médicas.


Lo curioso —o lo doloroso, dependiendo desde dónde lo mires— es que ese número no dice nada del tiempo que esa misma persona lleva presente en el cuerpo pero ausente de sí misma. Del turno que completó disociada. Del paciente que atendió con la mirada vacía. De la reunión de equipo en la que asintió sin escuchar nada.

Esa otra ausencia no aparece en ningún informe. Pero la conoces perfectamente y te afecta todos los días.


El ausentismo que nadie mide

Cuando hablamos de ausentismo en salud, casi siempre hablamos de días no trabajados: licencias, permisos, bajas. Esas cifras sí existen, sí se registran, siendo alarmantes en nuestra región y en muchos países a nivel mundial. En el sector público de salud, el promedio supera los 42 días anuales por trabajador, con las licencias por salud mental entre las causas que más crecen.


Pero hay un segundo tipo de ausentismo que no aparece en ninguna planilla: el presentismo. Estar físicamente en el turno pero emocionalmente en ningún lugar. Ejecutar los procedimientos correctos sin estar realmente ahí. Cuidar a otros desde un lugar que ya no tiene nada que dar.


Este presentismo es costoso de formas que todavía no sabemos calcular bien. Las investigaciones muestran que hay más errores clínicos como diagnóstico erróneos, peor comunicación con el paciente, decisiones tomadas desde el agotamiento, baja adhesión a tratamiento, relaciones de equipo que se erosionan sin que nadie sepa exactamente por qué.


Y lo más importante: es una señal de algo que viene antes de la licencia. Es el cuerpo avisando que el límite está cerca.



Lo que nadie te enseñó sobre el desgaste en salud

Cuando estudiaste tu carrera, probablemente aprendiste a diagnosticar el agotamiento en tus pacientes. Nadie te enseñó a diagnosticarlo en ti mismo.


El mundo sanitario tiene una cultura paradójica: forma a sus profesionales en la detección del sufrimiento ajeno y, al mismo tiempo, los condiciona a ignorar el propio. La bata, el título, el rol te colocan del lado del que cuida. Y del lado del que cuida no se admite debilidad, no se pide ayuda, no se dice "no puedo más" sin sentir que estás fallando a algo o a alguien.


El resultado es predecible. En Chile, más del 50% de los profesionales de salud del sector público reporta síntomas de burnout. Entre cuarenta y el secenta de cada cien. No es una excepción, no es un problema de carácter, no es falta de vocación. Es el efecto acumulado de un sistema que exige demasiado y protege muy poco.


Y sin embargo, la respuesta institucional mayoritaria sigue siendo individual: "cuídate más", "haz ejercicio", "aprende a desconectarte". Como si el problema viviera en el individuo y no en las condiciones en que ese individuo trabaja, es decir del sistema.



Los números que las instituciones deberían leer en voz alta

Estos datos no son para asustarte. Son para que dejes de pensar que lo que sientes es solo tuyo.


Cada punto porcentual de reducción en la rotación de personal en una institución de salud representa ahorros equivalentes a varios sueldos anuales en reclutamiento, formación y pérdida de productividad durante la adaptación. El costo de reemplazar a un profesional de salud puede equivaler entre el 70% y el 150% de su salario anual.


El ausentismo por licencias de salud mental genera, además del costo directo, una carga redistributiva que recae sobre quienes se quedan: más turnos, más pacientes, menos tiempo para cada uno. Lo que empieza como el agotamiento de uno termina siendo el agotamiento de todos.


Y hay algo que los datos no capturan pero que cualquier director médico, enfermera supervisora y jefe de servicio sabe bien: cuando una persona se quema, el fuego se propaga. El burnout tiene una dimensión contagiosa. Los equipos que conviven con alguien en colapso absorben parte de esa energía.  El ambiente laboral se vuelve tóxico. La competitividad se sale de las manos, los conflictos aumentan y la motivación por ser parte del equipo desaparece. 


Todo esto ocurre antes de que aparezca una sola licencia y se instala como forma de funcionamiento a pesar que los quemados se vayan con licencia. 



¿Qué sería diferente si tu institución te cuidara de verdad?

No estamos hablando de una sala de descanso nueva. Ni de un taller de mindfulness optativo un viernes al mediodía. Eso no es cuidado institucional: es marketing de bienestar.

El cuidado real de un equipo de salud parte de reconocer que el desgaste emocional de quienes trabajan con el sufrimiento humano no es un problema personal, sino una condición sistémica que requiere una respuesta sistémica.


Significa tener espacios estructurados donde los equipos puedan procesar lo que viven, no solo ejecutar lo que se les pide. Significa medir el bienestar con la misma seriedad con que se miden los indicadores de calidad asistencial. Significa que los líderes tengan herramientas para detectar el agotamiento en sus equipos antes de que se convierta en una licencia, en una renuncia, en un error.


Cuando eso ocurre —cuando una institución decide cuidar a quienes cuidan con la misma intención con que cuida a sus pacientes—, algo cambia. La cohesión del equipo mejora. La rotación baja. El ausentismo disminuye. Y la calidad de la atención, aunque nadie lo diga así, también mejora.


Porque detrás de cada paciente bien cuidado hay siempre un profesional que tuvo espacio para estar entero.



Los 42,9 días como pregunta

Volvamos al número con el que empezamos.


42,9 días. Más de un mes y medio por persona al año fuera del sistema. Eso es lo que ya está ocurriendo. Lo que todavía no sabemos calcular es cuántos días adicionales está presente cada persona sin estar realmente ahí.


La pregunta que nos parece más relevante no es cómo reducir el ausentismo como indicador. La pregunta es qué está pasando en los equipos que lleva a ese resultado. Qué están cargando. Qué no tienen espacio para procesar. Qué necesitarían para quedarse, no solo en el trabajo, sino en sí mismos.


Esa pregunta es la que Quila lleva al centro de cada intervención. No llegamos con una solución envasada. Llegamos con un diagnóstico real, con metodología, con evidencia, y con la convicción de que cuidar bien a los equipos de salud no es un gasto: es la inversión con mayor retorno que una institución puede hacer.



¿Tu equipo está mostrando señales que no sabes cómo leer?

En Quila trabajamos con instituciones de salud para diagnosticar, intervenir y transformar el bienestar del equipo clínico. Tenemos una metodología propia, resultados medibles y experiencia en el sector.


Si quieres saber cómo está tu equipo antes de que los números lleguen solos, conversemos.



Quila acompaña a instituciones de salud a transformar el dolor emocional de sus equipos en bienestar, cohesión y resultados medibles. Trabajamos con clínicas, centros médicos, APS y equipos de alta demanda en Chile.



Referencias:

  • DIPRES (2023). Informe de gestión de personas en el sector público.

  • CLAPESUC (2023). Ausentismo laboral en el Estado: licencias médicas en salud.

  • Repositorio Universidad de Chile. Ausentismo laboral en el sector público de salud: identificación de variables relevantes.

  • Randstad Chile (2022). Rotación laboral y costo de reemplazo.



Equipo Quila


 
 
 

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