No es solo cansancio: es doble presencia. Y hay algo que puedes hacer hoy.
- pskarofernandez
- 30 ene
- 2 Min. de lectura

La doble presencia no siempre grita: a veces susurra. Muchas mujeres en salud viven lo que llamamos “doble presencia”: están físicamente en su trabajo, pero emocionalmente también en casa, en la escuela, en la farmacia, en la olla que quedó a medio lavar. No es una doble vida, es una sola vida con múltiples capas de cuidado.
Y aunque parezca funcional, esa fragmentación sostenida tiene un costo. No se trata solo de estrés. Se trata de identidad, de energía vital, de sentido.
“no tan mal, pero no tan bien”- el terreno fértil del estancamiento y el quemarse.
Camila es nutricionista en atención primaria. Vive a 40 minutos del consultorio, tiene dos hijos en etapa escolar y una madre que la llama cada mañana para preguntarle si ya tomó desayuno. Camila no está “quemada”, pero sí está cansada. No ha tenido una crisis, pero sí siente que todo le pesa un poco más. No está mal, pero tampoco está bien.
Tony Robbins lo dice sin rodeos: “El cambio es automático, pero el progreso es intencional.” Esperar a que “baje la carga” o “mejoren las condiciones” puede sonar razonable, pero muchas veces es una forma elegante de postergar lo urgente: cuidarte.
“Si haces lo que siempre has hecho, obtendrás lo que siempre has obtenido.” – Tony Robbins.
No necesitas una semana libre, ni una rutina perfecta. Necesitas empezar. Aquí van cinco prácticas pequeñas, pero poderosas:
El minuto de llegada Antes de entrar al box o al pasillo, detente. Respira. Pregúntate: ¿Cómo estoy llegando hoy? Nombrar o describir tu estado emocional no lo resuelve, pero lo humaniza. Y eso ya es un acto de cuidado.
El “no ahora” sin culpa Cuando te pidan algo extra y no puedas, prueba decir: “Ahora no me es posible, pero puedo ayudarte después.” No es rechazo: es respeto por tus límites.
El cierre simbólico Al terminar tu jornada, haz algo que marque el fin. Date un minuto consciente para cambiarte los zapatos, escribir una línea o frase que resuma tu jornada en tu notas del celular o simplemente estirarte con intención de soltar y liberar. Tu cuerpo necesita saber que el día terminó.
La pausa nutritiva No es solo comer. Es comer sin revisar el celular, sin pararte tres veces, sin tragarte la culpa. Aunque sean 10 minutos, que sean tuyos.
El elogio cotidiano Dile a una colega algo que valoras de ella o de él. No solo apoyar su desarrollo: te recuerdas a ti misma que formas parte de una red que cuida y se deja cuidar.
Lo pequeño no es menor: es lo que sostiene
“Empecé a hacer una pausa de 3 minutos antes de entrar a casa. No cambió mi realidad, pero sí mi forma de habitarla y estar con mis hijos. Y eso me devolvió algo de mí.” – Camila, nutricionista APS, 36 años.
No necesitas estar al borde del colapso para empezar a cuidarte. De hecho, mientras más funcional pareces, más fácil es que tu malestar pase desapercibido. Pero tú lo sientes. Y eso basta.
Hoy puedes decidir algo distinto. No perfecto. No radical. Solo distinto. Porque el progreso no llega solo: se construye con actos pequeños, repetidos y conscientes.
Y tú, ¿qué microacto vas a elegir hoy?
Equipo Quila
Karolina Fernández




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